EL PRINCIPIO REGULADOR

EL PRINCIPIO REGULADOR

Wilfredo Morales Acosta

16/05/2016

Extraído del libro: La Música También Llora

La frase «Principio Regulador del Culto Cristiano»; si bien no aparece de forma textual en las confesiones y credos antes del siglo XX, es incuestionable que ha quedado expresado con gran fidelidad en los escritos de los reformadores y puritanos ingleses. Dicho principio establece que «Todo lo que ha sido ordenado por Dios para su culto es obligatorio, y todo [lo] que no ha sido ordenado por Dios se encuentra prohibido».[i]

«La finalidad principal del hombre es la gloria de Dios mismo, y esta gloria debe ser exaltada a través de la adoración de todos los hombres».[ii] Sin embargo, una tendencia que revela nuestra naturaleza humana caída, es la inclinación que tenemos a adorarle como mejor nos parece. Esto es algo que nos presenta la Escritura en numerosas ocasiones, y aunque no nos guste escucharlo, hoy seguimos cometiendo los mismos errores. Juan Calvino, escribió:

Porque los hombres son de la carne, no debería sorprendernos que se deleiten en una adoración carnal. Efectúan por lo tanto muchas cosas que son vistosas, pero que carecen de solidez. Sin embargo, deberían tener en claro que la adoración tiene que ver con Dios y que se relaciona con lo carnal tanto como el fuego al agua. En el culto a Dios, esto debería ser suficiente para poner fin a los deseos de nuestro corazón, porque Dios está lejos de ser como nosotros, pues aquello que nuestro corazón desea, es objeto de su aversión y aborrecimiento. Deberíamos tratar de encontrar en su Palabra la norma que nos debe gobernar.[iii]

Consecuencias de una adoración falsa

La base escritural que tenemos para demostrar la seriedad e importancia de adorar bajo las normas de Dios es muy amplia. De hecho, a varios personajes bíblicos les costó bien caro el ofrecimiento de una adoración no conforme a lo establecido por el Señor en su Palabra. Nadab y Abiú, por ejemplo: asumieron un trabajo que solo le era permitido al sumo sacerdote. Levítico 10: 1-2 dice: «Y ofrecieron delante de Jehová fuego extraño, que nunca les mando. Y salió fuego de delante de Jehová y los quemó, y murieron delante de Jehová». Otro caso es el del rey Uzías, pues creyó que le era permitido adorar a Dios a su manera y entro en el templo para quemar incienso. El sacerdote Azarías y otros ochenta más «se pusieron contra el rey Uzías y le dijeron: No te corresponde a ti, oh Uzías, el quemar incienso a Jehová, sino a los sacerdotes hijos de Arón...» Uzías «se llenó de ira; y en su ira contra los sacerdotes, la lepra le brotó en la frente». Luego, leemos: «Así el rey Uzías fue leproso hasta su muerte, y habitó leproso en casa apartada...» (2 Cronicas 26: 16-23). Existen muchos ejemplos más, como la desobediencia del rey Saúl (1Samuel 15), y entre otros, el pecado de Uza (2 Samuel 6). Charles Spurgeon, en su sermón sobre la lección de este último, expresó:

Estas personas no mostraron ningún tipo de temor reverente a Dios por medio de una consulta de las normas que él mismo había establecido para guiarlos (pues pensaban que todo aquello que les agradaba debía ser también del agrado de Dios), por lo que dedujeron que cualquier culto que eligieran sería suficiente para el Señor Dios de Israel, por lo que terminó en fracaso... [iv]

En el nuevo Testamento también nos encontramos con situaciones similares. Una de ellas es la actitud de los fariseos, pues habían cambiado la ley de Dios por mandamientos de hombres. Jesús, en una ocasión, les dijo: «Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, cuando dijo: Este pueblo de labios me honra; pero su corazón está lejos de mi. Pues en vano me honran, enseñando como doctrinas mandamientos de hombres» (Mateo 15:7-9). Los escribas eran otros que igualmente habían llegado muy lejos, de hecho, un pasaje presente en el Talmud dice que: «'Estar contra las palabras de los escribas es más punible que estar en contra de las palabras de la Biblia'».[v]

Estemos de acuerdo o no, la actitud de Nadab y Abiú, de Uza, Uzías, Saúl, y entre muchos otros la de los escribas y fariseos, es «una actitud común a todos los tiempos».[vi] Y es precisamente, para hacer frente a tales actitudes e impedir que en nuestro culto entren invenciones humanas y nos alejen de la verdadera adoración que Dios demanda, que tenemos el principio regulador del culto cristiano.    

El principio regulador establece que solo lo que está justificado de forma clara en las Escrituras es lo que tenemos libertad para hacer en nuestras reuniones de adoración. El hombre; un ser pecador, nunca sabrá ni será capaz de adorar al Dios santo si Él mismo no le revelara antes como hacerlo.

En el segundo mandamiento leemos: «No tendrás dioses ajenos delante de mí. No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra...» (Éxodo 20:4-5). «Los pecados que se prohíben en el segundo mandamiento son: el inventar, aconsejar, mandar, usar y de cualquier manera aprobar cualquier adoración religiosa que no esté instituida por Dios mismo».[vii] Zacarías Ursino, escribió: «¿Qué Pide Dios en el segundo mandamiento? Que no representemos a Dios por medio de alguna imagen o figura, y sólo le rindamos culto como Él ha mandado en su Palabra»[viii]

La enseñanza que hayamos repitiéndose una y otra vez tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, es: «Cuidarás de hacer todo lo que yo te mando; no añadirás a ello, ni de ello quitarás» (Deuteronomio 12:32). «Id, [dijo Jesús] y haced discípulos a todas las naciones [...] enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado...» (Mateo 28: 19-20). «Si alguno añadiere a estas cosas, [escribe Juan] Dios traerá sobre él las plagas que están escritas en este libro. Y si alguno quitare de las palabras del libro de esta profecía, Dios quitará su parte del libro de la vida...» (Apocalipsis 22:18-19). Calvino, respecto a Deuteronomio 12: 29-32, comentó:

Cuando la genuina simplicidad de la adoración a Dios es conocida, que los hombres comienzan a decepcionarse de ella, y preguntan curiosamente si no existe nada de valor en la creencia de las invenciones del hombre; pues las mentes del hombre son pronto atraídas a las trampas de lo novedoso, para luego contaminar aquello que nos ha sido dado en la Palabra de Dios. Al prohibir agregar o sacar algo, Dios directamente condena como ilegítimo cualquier cosa que el hombre invente en su propia imaginación; por lo que se deduce que aquellos, que en el culto a Dios son guiados por reglas diferentes a las que Dios mismo ha prescripto, se hacen de falsos dioses. [ix]

El debate

Por siglos, ha existido una ardua competencia entre el principio regulador del que hemos hablado y el principio normativo. Pues este último, establece que la iglesia es libre de usar cualquier práctica que no esté prohibida por la Palabra de Dios.

Según los escritos del pasado, Martín Lutero nunca se pudo separar por completo de las ceremonias presentes en el catolicismo medieval; razón por la cual, apoyó la postura establecida en el principio normativo. La reforma luterana, usó la palabra adiáfora (cosas indiferentes) para referirse a «las acciones o asuntos que en el culto a Dios no se consideran esenciales a la fe»,[x] es decir, «'los ritos y tradiciones de la iglesia que no han sido ordenados ni prohibidos expresamente por la Palabra de Dios'»,[xi] como: la misa, la utilización de velas y entre otras, de vestiduras litúrgicas.[xii]

La postura luterana era muy diferente a la expresada por Calvino, ya que, como hemos visto, siempre sostuvo que podíamos usar en el culto cristiano, solo aquello que había sido ordenado por Dios.

La verdadera libertad

Son muchos los que ven al principio regulador como legalismo; pues entienden que trunca la libertad que como creyentes y adoradores tenemos. Sin embargo, nada puede estar más lejos de la verdad. Jesús nos ha hecho libres, eso es cierto, pero, ¿de qué? ¿Hasta dónde llega esa libertad?

El Señor Jesucristo nos ha hecho libres de la culpa y el dominio del pecado, de la maldición del la ley moral y el yugo de la ley ceremonial, de la ira de Dios, de la muerte, de la condenación eterna, de la esclavitud a Satanás y para tener acceso libre al Padre celestial. Cristo ha liberado nuestra conciencia para que, instruidos por la Palabra de Dios, le seamos obedientes. La confesión de fe de Westminster, señala: «Dios es el único Señor de la conciencia, por tanto, en asuntos de fe y adoración, la ha dejado libre de doctrinas y mandamientos humanos, que sean contrarios a su Palabra o añadidos a ella».[xiii]

Si existe un principio legalista, que esclaviza la conciencia del creyente y le somete a ofrecer al Creador una adoración que Él nunca les ha ordenado, ese es el principio normativo. Después de todo, es el que da lugar para introducir innovaciones en el culto cristiano, como las vestiduras litúrgicas, la quema de incienso, los exorcismos, las unciones y entre un largo ect., la danza y otras expresiones corporales. Lo más trágicos es, quizás, que dichos inventos, procedentes en numerosas ocasiones de religiones paganas antiguas o prácticas mundanas, se van enraizando en la mente de los creyentes hasta que un día se termina concluyendo que constituyen parte de la adoración que ha sido ordenada por Dios, cuando en realidad no lo son. ¿No es acaso este tipo de culto a gusto personal una forma más de idolatría?

Elementos y circunstancias 

Es posible que a la vista de lo presentado hasta el momento, se crea que el Principio Regulador es rígido y solo toma en cuenta ciertas porciones bíblicas; sin embargo, no es así, pues aparte de basarse en los mandamientos revelados de forma clara y precisa, también lo hace en aquellas verdades que se deducen en las Escrituras. Otra porción de la confesión de fe de Westminster, nos demuestra cuán flexible es sin llegar a comprometer la verdad de Dios:

Reconocemos también que hay algunas circunstancias concernientes a la adoración de Dios y al gobierno de la Iglesia, comunes a todas las acciones y sociedades humanas, que deben ordenarse conforme a la luz de la naturaleza y la prudencia cristiana, según las reglas generales de la Palabra, las cuales siempre han de ser obedecidas.  

Dios ha revelado al hombre como quiere ser adorado, y los elementos que estarán presentes en su culto son: la predicación, la lectura de la Palabra, el canto, y los sacramentos instituidos por Cristo.[xiv] En cuanto a las circunstancias, es aquello que no es posible determinar de forma precisa a partir de la Palabra: como el lugar, los asientos, el horario y la duración de los cultos etc.; todo ello, sin embargo, debe ser sometido a la prudencia, sentido común, y sobre todo, de acuerdo a las reglas generales de las Escrituras. Las circunstancias varían, pero los elementos no.

Conclución

Las consecuencias acarreadas por el abandono de las normas bíblicas han sido devastadoras. La adoración inteligente y sencilla que se nos demanda ha sido adulterada al introducir invenciones humanas que Dios nunca mando. Los proveedores de inventos no son un fenómeno moderno, de hecho, la historia cristiana nos recuerda que desde muy temprano; entre los siglos tercero y cuarto después de Cristo, se comenzó a desenterrar mártires para luego poner sus cuerpos o algunos de sus miembros bajo el altar de las iglesias que eran construidas; creyendo así, que el culto ofrecido sería más especial y eficaz. El tiempo transcurría y a la vez, tal modo de proceder se agravaba, ya que tales reliquias se convirtieron en objeto de veneración y luego adoración debido a los supuestos poderes milagrosos que se les habían atribuido.[xv] Dichas prácticas aún continúan vigentes entre los católicos; sin embargo, los protestantes de hoy día no nos quedamos rezagados en la producción de invenciones: Orquestas musicales, grupos de baile, magos, payasos, exorcismos, predicadores «ungidos» que reparten «unciones» mediante empujones, puñetazos, patadas, el lanzamiento de sacos, pañuelos y chorros de agua. Como escribiera Terry Johnson:

Los miembros de iglesia más antiguos entraron en el edificio de la iglesia un domingo por la mañana, ¡y allí estaba!, la banda de alabanza, el espectáculo luminoso, el líder de alabanza, el video clip, la pantalla gigante, el equipo de teatro, los pasos de baile, la máquina de niebla. Los miembros más antiguos resistieron, luego se fueron. La iglesia se dividió. ¿Por qué? Porque no había un principio regulador para proteger a la congregación de los proveedores de la novedad. [xvi]

Al permitir que entren en la iglesia y formen parte del culto cristiano actividades como: conciertos musicales, teatros, promoción de obras o cualquier otro tipo de entretenimiento y diversión no hacemos más que violar la demanda de Dios y practicar la idolatría.

El Principio Regulador es el resultado de un estudio correcto de la Palabra de Dios. Es el fruto de aquellos que de corazón quieren adorarle según las normas establecidas en la Biblia y no gustos personales. Es una consecuencia de la suficiencia y autoridad de las Escrituras.[xvii] Es flexible sin comprometer la verdad bíblica. Protege y libera al creyente de mandamientos e inventos humanos y une a la iglesia.

 

NOTAS


[i]Scharenberg, M. (2010). El principio regulador del culto cristiano. Impreso en los Estados Unidos de América. Rama de Almendro, Buenos Aires Argentina. Pág. 13.   

[ii]Ibíd. Pág. 11.   

[iii]Calvino, Juan. (1993). Commentary on the Gospel according to John. Grand Rapids, Baker Book House, Volumen XVII. Pág. 164. Citado en Scharenberg, M. (2010). El principio regulador del culto cristiano. Impreso en los Estados Unidos de América. Rama de Almendro, Buenos Aires Argentina. Pág. 59.   

[iv]Spurgeon, C. H. (1903). A sermon on The Lesson of Uzzah. Vol 49. Londres. Pág. 517. Citado en Scharenberg, M. (2010). El principio regulador del culto cristiano. Impreso en los Estados Unidos de América. Rama de Almendro, Buenos Aires Argentina. Pág.48.   

[v]Citado del Talmud por A. T. Robertson, The Pharisees and Jesus, Pág.130. Como se cita en  Hendriksen, W. (2007). Comentario al Nuevo Testamento: El Evangelio según San Mateo. (Humberto Casanova trad). EE.UU. Libros Desafío.  Pág. 644. En PDF 459.   

[vi]Scharenberg, M. (2010). El principio regulador del culto cristiano. Impreso en los Estados Unidos de América. Rama de Almendro, Buenos Aires Argentina. Pág. 56.   

[vii]Confraternidad Latinoamericana de Iglesias Reformadas. (2010). Los estándares de Westminster. (Alonzo, R. Trad). Guadalupe, Costa Rica. Clir. Pág. 225.   

[viii]Ursino, Z. & Oleviano, G. (1993). El Catecismo de Heidelberg. (Juan T. Sanz. Trad). Barce-lona. Fundación Editorial de Literatura Reformada. PÁG. 47. Pregunta # 96.  

[ix]Calvino, Juan. (1996). Commentaries on the Last Four Books of Moses arranged in the Form of a Harmony. Grand Rapids. Baker Book House. Págs. 451-453. Citado en Scharenberg, M. (2010). El principio regulador del culto cristiano. Impreso en los Estados Unidos de América. Rama de Almendro, Buenos Aires Argentina. Págs.33-34.   

[x]Scharenberg, M. (2010). El principio regulador del culto cristiano. Impreso en los Estados Unidos de América. Rama de Almendro, Buenos Aires Argentina. Pág. 71.   

[xi]Ibíd.

[xii]Ibíd.

[xiii]Confraternidad Latinoamericana de Iglesias Reformadas. (2010). Los estándares de Westminster. (Alonzo, R. Trad). Guadalupe, Costa Rica. Clir. Pág. 75.   

[xiv]La confesión de fe de Westminster dice: «Son partes de la normal adoración religiosa a Dios: La lectura de la Biblia con temor piadoso, la sana predicación, y el escuchar la Palabra conscientemente, en obediencia a Dios, con entendimiento, fe y reverencia; el canto de los salmos con gracia en el corazón; así como también la debida administración y digna recepción de los sacramentos instituidos por Cristo. Además, deben usarse, de una manera santa y religiosa, en sus diferentes tiempos y oportunidades: los juramentos religiosos, los votos, los ayunos solemnes y acciones de gracias en ocasiones especiales». Confraternidad Latinoamericana de Iglesias Reformadas. (2010). Los estándares de Westminster. (Alonzo, R. Trad). Guadalupe, Costa Rica. Clir. Págs. 80-81.

[xv]Para más información ver: Gonzales, J. L. (2009). Historia del Cristianismo. Obra completa. Impreso en China: Publicado por Unilit. Vol. II. Pág.141.

[xvi]Johnson, T. (18-10-20014). ¿Qué es lo que el principio regulador exige de los miembros de la iglesia? Consultado en: https://es.9marks.org/articulo/que-es-lo-que-el-principio-regulador-exige-de-los-miembros-de-la-iglesia/

[xvii]Jorge Ruiz Ortiz. Conferencia dada en el Día de la Reforma, en la Iglesia Cristiana Presbiteriana de Alcorcón, el 1 de noviembre de 2008. El artículo completo apareció publicado en 2009 en la revista ‘Nueva Reforma’ en: https://westminsterhoy.wordpress.com/2014/03/06/segundo-mandamiento-y-principio-regulardor-de-la-adoracion/.

 

 

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