LO QUE JUAN CARLOS, EL INTEGRANTE DE TERCER CIELO, DEBERÍA APRENDER

LO QUE JUAN CARLOS, EL INTEGRANTE DE TERCER CIELO, DEBERÍA APRENDER

Extraído del libro: La música también llora

©Wilfredo Morales Acosta

13/11/2015

La Biblia nos dice: «Cantad salmos a Jehová, porque ha hecho cosas magníficas; sea sabido esto por toda la tierra. Regocíjate y canta, oh moradora de Sion; porque grande es en medio de ti el Santo de Israel» (Isaías 12: 5-6). Y en el Salmo 30: 4, leemos: «Cantad a Jehová, vosotros sus santos, y celebrad la memoria de sus santidad».

En Colosenses 3:16, leemos: «La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales». Y en Efesios 5:19-20, Pablo escribió: «Hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando el Señor en vuestros corazones; dando siempre gracias por todo al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo».

Los cristianos cantamos para la gloria del Señor, cantamos su Palabra, cantamos aún en medio de los momentos difíciles porque el Señor es nuestro refugio y esperanza, nuestro amparo y fortaleza y cantamos aún en medio de los momentos difíciles porque el Señor es nuestro refugio y esperanza, nuestro amparo y fortaleza.

Los cánticos son pequeños mensajes. A través de ellos, los creyentes somos instruidos en la verdad de Dios del mismo modo que sucede con la predicación. Es muy probable que más, después de todo, son muchos los que no prestan la debida atención al sermón, o los que lo olvidan apenas salen de la iglesia, pero los cánticos no, estos permanecen en nuestra memoria y los repetimos una y otra vez. Por lo tanto, hay que ser muy cuidadosos y responsables a la hora de escoger las canciones que cantamos en nuestras reuniones, no sea que sin darnos cuenta estemos cantando errores.

¿Cuál es la opinión de Juan Carlos el integrante de Tercer Cielo en cuanto al tema? El cantante expresó: «Pienso que el trabajo del músico no es enseñar teología, no es ser un maestro. Si lo hace y tiene talento para eso, gloria a Dios. Nuestro trabajo es hacer canciones, escribir lo que Dios pone en nuestro corazón»[i].

La Biblia nos dice que el corazón es engañoso (Jeremías 17:9) por tanto, mis preguntas para Juan Carlos son: ¿Cómo sabes que Dios ha puesto algo en tu corazón? ¿Qué seguridad tienes de que fue el Creador quien lo puso? Si la Teología bíblica es la ciencia encargada de estudiar lo que Dios ha revelado de sí mismo, y a la vez, es de suma importancia y una responsabilidad de todo creyente ser instruidos e instruir en el conocimiento de nuestro Señor, ¿cómo entonces se puede adorar a un Dios que no conocemos? ¿Aceptará el Altísimo cualquier cosa que salga de nuestro corazón? ¿Cómo llevas a cabo la enseñanza bíblica donde se nos dice que cantamos para la enseñanza, exhortación y edificación mutua de los congregados? Dios se ha revelado al hombre a través de su Palabra inspirada, no solo nos ha dicho quien es Él y quienes somos nosotros, sino también como adorarle y acercarnos ante su presencia; si no la cocemos, no sabremos cómo hacerlo. El apóstol Pablo nos dice que cantamos para edificarnos, enseñarnos y exhortarnos mutuamente, y esto sólo sucede cuando los cánticos tienen una sana doctrina; cuando son fuertes en la teología, por lo visto, esto no va con el cantante del dúo.

La enseñanza de Juan Carlos aparte de ser decepcionante, es muy peligrosa. Por siglos, muchos de los más reconocidos compositores de los himnos que hoy compartimos en nuestras reuniones, fueron también grandes teólogos. Lo más importante en lo personal, y sé que este sentir ha estado presente en todo aquellos amantes de la verdad que a lo largo de los siglos hemos escrito algún cántico, ha sido el estar seguros de que lo escrito es doctrinalmente correcto.

Llegados a este punto, tomemos sólo una de sus canciones como ejemplo y así, demostrar lo antes expresado: «Yo te extrañaré» de Tercer cielo

Yo te extrañare, [...]

Mas comprendo que llego tu tiempo;
que Dios te ha llamado,

para estar a Su lado

[...]
Ya no llores por mí,
yo estoy en un lugar lleno de luz,
donde existe paz, donde no hay maldad,
donde puedo descansar.[ii]

En Deuteronomio 18: 10- 12, leemos: «No sea hallado en ti quien haga pasar a su hijo o su hija por fuego, ni quien practique adivinación, ni agorero, ni sortílego, ni hechicero, ni encantador, ni adivino, ni mago, ni quien consulte a los muertos. Porque es abominación a Jehová...». Cuando una persona muere, pierde todo contacto con el mundo de los vivos, y la enseñanza bíblica es clara: hablar con los muertos es abominación a Jehová. En «Yo te extrañaré», se representa un dialogo entre un vivo y una muerta. Pueden ser muy hermosas las canciones, pueden mostrar principios y valores bíblicos, pueden incluso justificarse bajo la escusa de haberse usado la ficción. Aun así, hay que tener mucho cuidado al usar ciertos recursos literarios y como lo hacemos, no sea que rayen o se introduzcan en lo abominado por Dios.

El culto cristiano es un servicio público, y el canto, como parte de la adoración demandada por Dios, ha de ser teológicamente correcto. Si buscamos a través de toda la Biblia, comprenderemos que la adoración es establecida y regulada por Dios. No es algo que nos llegó por casualidad, no puede ser inventada ni fabricada por hombres, no es para el placer personal, no es informal, no es superficial y no toma prestado del mundo. Comprobamos también, como escribiera Masters, que no es estética, aunque algunos piensen que Dios puede ser adorado a través de orquestas y solos de instrumentos; cuando la enseñanza bíblica deja bien claro que es espiritual.[iii] Y que tampoco es estática, donde «la gente se lleva a sí misma a estados altamente emocionales y hasta semi hipnóticos, mientras que las Escrituras dicen que siempre debemos orar y cantar con el entendimiento».[iv] La adoración es racional, es en espíritu y en verdad. Leonard Payton, comenta al respecto: «El problema es que la verdadera gratitud bíblica debe tener su base sobre hechos objetivos o en la doctrina. Si no, es un mero sentimentalismo'»[v]. No hay nada de malo en expresar nuestros sentimientos, los Salmos, como modelo bíblico para nuestros cánticos congregacionales, son ejemplos maravillosos de la expresión espontanea que brota de un creyente al manifestar sus sentimientos. El problema se encuentra en echar a un lado la enseñanza bíblica cuando demos rienda suelta a nuestros sentimientos a la hora de componer o expresarnos. Sobre todo, porque los canticos son, insisto, pequeños mensajes que quedan clavados en nuestra mente y por otro lado, podemos tener total seguridad de que Dios no aceptara una adoración que vaya en contra de lo que él nos ha revelado en su Palabra.

Por desgracia, nuestros cultos de adornación rebozan de cánticos que no deberían estar entre nosotros. Sobre todo, porque las fuentes de donde proviene son individuos que retienen y proclaman falsas doctrinas, y en otros casos, porque los canticos usados no son apropiados para compartir en la iglesia producto a su género o estilo o sus letras y músicas nos dirigen a un sentimentalismo supersticioso.

El cristianismo que vemos en muchas iglesias del presente, influenciado en gran medida por el movimiento carismático, no descansa ni se alimenta de la Palabra, lo hace, más bien, de las experiencias y el sentimentalismo. El lugar del auténtico mensaje bíblico ha sido sustituido por doctrinas disparatadas, leyendas, «filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo» (Colosenses 2: 8). Esto ha dado como resultado que los compositores modernos escriban canciones que pueden ser dirigidas lo mismo a Dios que a un hombre o mujer.

En el caso de Juan Carlos, es importante añadir que aún cuando tenga mucha influencia sobre nuestros jóvenes ―ya va siendo hora de que todos aquellos que aman la verdad lo tengan en cuenta― todo parece indicar que su mayor interés es hacer canciones según sus propios gustos; «según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo». A.W. Tozer, escribió:

Aquellos sobre tonos de deleite religioso que acompañan a la verdad cuando el Espíritu la ilumina están prácticamente ausentes de la Iglesia en la actualidad. Aquellos atisbos arrebatadores del País Celestial son pocos y oscuros; apenas si se puede discernir la fragancia de la 'rosa del Sarón'. En consecuencia, nos hemos visto forzados a buscar en otros lugares para nuestros deleites, y los hemos encontrado en el arte dudoso de cantantes de ópera convertidos o en los vacíos sones extraños y curiosos arreglos musicales. Hemos intentado hacernos con placeres espirituales manipulando emociones carnales y agitar sentimientos sintéticos por medios totalmente carnales. Y el efecto total ha sido mortífero.[vi]

NOTAS



[i]Cristianosaldia.net. (13 marzo de 2015). Juan Carlos de Tercer Cielo dice que el trabajo de los músicos cristianos no es hacer teología. En línea: https://www.youtube.com/watch?v=mVlUJkPwUaw

[ii]Tercer Cielo. (2008). Yo te extrañaré. Álbum: Hollywood. 

[iii]Masters, P. (s. f.) Adoración en crisis. En línea, disponible en:

https://adoracionbiblica.files.wordpress.com/2013/10/cap01.pdf

[iv]Ibíd.

[v]E. Gilley, G.(2005). Esta pequeña iglesia fue al mercado: La Iglesia en la Edad de Entretenimiento. Estados Unidos de América. Evangelical Press. Pág. 96.  .

[vi]-Wilson, A. (1990). La Conquista Divina. Barcelona España: Clie. Pág. 57.

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©Wilfredo Morales Acosta

13/11/2015

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