UN PASADO MALO Y UN CORAZÓN MALO

UN PASADO MALO Y UN CORAZÓN MALO

Albert N. Martin

¡Problemas, problemas, problemas!

Muchas veces parece que la vida en este mundo no es más que un problema tras otro. Tenemos distintos tipos de problemas —problemas familiares, problemas de dinero, problemas de salud, problemas en el trabajo—la cuestión es que todos tenemos problemas.

Y todos tratamos de resolver estos problemas. Consultamos con un consejero por nuestros problemas familiares, buscamos otro trabajo si tenemos problemas económicos, vamos al médico cuando tenemos problemas de salud, hacemos todo lo que podemos para mejorar nuestra condición.

Hay, sin embargo, un problema que es mucho más grave que cualquier otro. Y no resolverlo es mucho más trágico que las enfermedades, la pobreza o las dificultades. Aun así, la mayor parte de la humanidad nunca ha hecho nada al respecto.

Este es el problema doble de un pasado malo y un corazón malo. Dios ha declarado que cada hombre, mujer, niño y niña tiene este problema.

Tus esfuerzos por superar los problemas con tu familia, con el dinero y la salud son importantes, pero encontrar la manera de borrar tu terrible pasado ante el tribunal de Dios y cambiar la depravación de tu corazón es sumamente importante y hasta fundamental para superar tus otros problemas. En definitiva, si no encaras el problema de tu pasado malo y tu corazón malo, y encuentras su solución, mejor hubiera sido para ti no haber nacido.

Por tu preocupación acerca de tu bienestar actual y eterno, considera la naturaleza del más grande de tus problemas a fin de poder encontrar su única solución.

 

Un pasado malo

Cada ser humano en este mundo tiene en el cielo un historial de su pasado malo, a menos que, por supuesto, en su gracia, Dios lo haya absuelto. Dios ha dicho que “que todos están bajo pecado” y “no hay justo, ni aun uno” (Romanos 3:9-10).

Como criaturas creadas por Dios, somos responsables ante Dios. No solo estamos sujetos a sus leyes que gobiernan el universo físico, como la ley de gravedad, sino que también estamos sujetos a sus leyes morales. Nosotros no necesariamente escogemos ser sus súbditos pero esto no cambia el que seamos responsables ante él. Él es Dios, y nosotros somos sus criaturas.

Nuestra responsabilidad ante Dios es similar a nuestra responsabilidad ante nuestra nación. Desde que naciste, estás sujeto a las leyes de tu patria. Entonces, si te niegas a pagar los impuestos, o si robas algo que no es tuyo, o si asaltas a alguien, y te descubren, te harán responsable por tu actividad criminal. Las autoridades civiles se asegurarán que seas juzgado por las autoridades, sentenciado y castigado según tu delito. No podrás librarte de tu culpa alegando que nunca estuviste de acuerdo con las leyes. Lo que al final de cuentas importa no es el hecho de que estés o no de acuerdo o lo que sientas por las leyes del país sino tu responsabilidad ante las autoridades bajo las cuales vives.

Ahora tienes que enfrentar no solo la realidad de que eres una criatura creada por Dios y responsable ante Dios, sino también el hecho de que has pecado contra Dios y que Dios te ha juzgado merecedor de un castigo eterno por tus pecados. Esta es la primera parte de tu gran problema: tienes, ante Dios, un historial de tus malas acciones, un pasado por el cual Dios te condenará en el Día del Juicio a menos que seas legalmente absuelto.

El Dios que te hizo y a quien le debes rendir cuentas te conoce a fondo. La Biblia nos enseña que “no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes bien todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta” (Hebreos 4:13). Dios ve todo lo que haces, sea en público o en secreto. “Los ojos de Jehová están en todo lugar, mirando a los malos y a los buenos” (Proverbios 15:3).

Además, este mismo Dios guarda un registro cuidadoso de cada desviación que haces de su ley moral. Él toma nota de cada desviación moral de tus pensamientos, palabras, actitudes y acciones. Y la Biblia nos dice que en el Día del Juicio los libros que contienen tales registros serán abiertos y serás juzgado por lo que está escrito en ellos. “Y vi un gran trono blanco y al que estaba sentado en él, de delante del cual huyeron la tierra y el cielo, y ningún lugar se encontró para ellos. Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios; y los libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras. Y el mar entregó los muertos que había en él; y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos; y fueron juzgados cada uno según sus obras. Y la muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda. Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego” (Apocalipsis 20:11-15). Ahora bien, ¿no te hace temblar el hecho de que Dios conoce tus pecados y que Dios está decidido a juzgarte por ellos?

Considera la extensión y la profundidad de tu pecado contra Dios y su ley. En los Diez Mandamientos te ha ordenado amarle con todo tu ser, no tener otros dioses delante de él, adorarle y servirle según su voluntad revelada y no según tus ideas humanas, honrar su nombre y su palabra, reservar y guardar el día de adoración y descanso de tu trabajo, honrar a los que él ha puesto como autoridad sobre ti (padre, madre o cualquier otro que Dios ha puesto como autoridad sobre ti), no matar ni odiar, no cometer adulterio ni ce- der a los apetitos de la carne, no robar, no mentir y ni siquiera desear en tu corazón lo que Dios prohíbe (Éxodo 20:1-17). Cuando alguien le preguntó a Jesús cuál era el gran mandamiento, contestó: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mateo 22:37-39). Según las Escrituras, ¿acaso no estás condenado por Dios por haber quebrantado los mandamientos? A lo mejor no tienes ningún antecedente penal en esta tierra, pero tienes antecedentes cri- minales en el cielo.

Además, lo que hace que este problema sea tan grave es que no puedes hacer nada para cambiar tu historial; solo Dios puede hacer algo en relación con él. No puedes entrar furtivamente al tribunal del cielo y alterar tus antecedentes. No puedes engañar a Dios pensando que cometió un error al juzgar que eras un pecador merecedor del infierno alegando tu moralidad exterior o tu actividad religiosa. El tribunal del cielo no puede ser sobornado. Dios requiere que el pecado sea pagado en su totalidad: “Porque la paga del pecado es muerte, más la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 6:23). La ley santa de Dios tiene que ser satisfecha, de otra manera, Dios no sería justo.

Si alguna vez le haces frente a la seriedad de este problema, todos los otros problemas en la vida parecerán pequeños en comparación. Clamarás a Dios e implorarás misericordia. Ciertamente en el evangelio hay misericordia con Dios. En el evangelio, Dios soberanamente y por gracia borra el pasado culpable de los pecadores y satisface su exigencia de justicia castigando a un sustituto que toma sobre sí tus pecados.

Pero antes de la solución del evangelio a tu dilema, necesitamos considerar también la otra parte del problema. No solo tienes un mal historial en el cielo, sino que tienes un corazón malo en la tierra.

 

Un corazón malo

Dios declara directamente en las Escrituras que el corazón de todos los hombres es malo. Jeremías 17:9 dice: “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso;

¿quién lo conocerá?”. En otro lugar leemos que “el corazón de los hijos de los hombres está lleno de mal y de insensatez en su corazón” (Eclesiastés 9:3). Además, Jesús enseñó claramente que el origen del pecado está arraigado en el corazón de los hombres. Dijo: “Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez. Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre” (Marcos 7:21-23). El pecado no es creado por el medio ambiente. ¡El pecado procede del corazón malo del hombre! Este es otro aspecto de tu gran problema, un corazón incorregible, amante del pecado, aborrecedor de Dios, que está enemistado con Dios y no está, ni puede estar, sujeto a la ley de Dios (Romanos 8:7).

Es probable que no te consideres tan malo como la Biblia dice que lo eres porque tu corazón es engañador. Es hábil no solo en engañar a otros sino en engañarte a ti. Sin considerar para nada la descripción de Dios de tu condición terrible, tu corazón te enga- ña llevándote a pensar que en realidad no eres tan malo. Te dirá que en realidad estás “bien”, no perfecto, pero “bien”. ¿Pero no te das cuenta que justamente esta respuesta es evidencia de un corazón malo? Tu conciencia debiera confirmar las verdades reveladas por Dios, pero en cambio niega, distorsiona y las tapa con mentiras. Además, ¿no es cierto que las cosas que Dios te prohíbe hacer son las cosas que te encanta hacer? ¿Y no son las cosas que Dios te ordena hacer exactamente las cosas que detestas y no vas a hacer?

Esto es verdaderamente un problema, pero ¿cómo se puede vivir en el cielo con un corazón malo? El cielo te parecería un infierno, porque no encontrarías nada que alimente tus deseos pecaminosos. El estilo de vida del cielo es adorar a Dios y vivir por él.

¿Acaso esto no te aburriría (y hasta frustraría y enfurecería) si sigues con un corazón empecinando en contra de Dios y su voluntad? Además, Dios nunca te dejará entrar en su reino siendo un pecador rebelde. Dios atrae a su reino a pecadores perdonados con corazones purificados, pero nunca a pecadores rebeldes con corazones rebeldes.

Ahora bien, lo que hace que esta parte del problema sea tan grande es que no puedes cambiar tu corazón. La Palabra de Dios dice: “¿Mudará el etíope su piel, y el leopardo sus manchas? Así también, ¿podréis vosotros hacer bien, estando habituados a hacer mal?” (Jeremías 13:23). La respuesta obvia a esta pregunta retórica es “No”. Ni el hombre ni el animal puede cambiar el color que es parte de su naturaleza. De modo similar, los hombres con un corazón malo no pueden hacer el bien porque es contrario a su naturaleza. Sí, es cierto que quizá puedan cambiar algo de su conducta exterior, pero no pueden cambiar la disposición de su corazón. El hombre puede abstenerse de una relación sexual fuera del matrimonio, pero seguir siendo lascivo. El hombre puede decidir ir a la iglesia y diezmar, y en su corazón seguir estando lejos de Dios. La mujer puede refrenarse de decir calumnias y mentiras, pero no puede dejar de sentir antipatía en su corazón.

Este es el segundo aspecto de tu gran problema, no solo tienes antecedentes de un historial malo en el cielo que no puedes cambiar, tienes en la tierra un corazón malo que no puedes cambiar. A menos que le hagas frente a esta mala noticia, nunca comprenderás las buenas nuevas del evangelio de Jesucristo. El evangelio es buenas nuevas solo pa- ra los que han llegado a comprender que son totalmente impotentes ante su condición catastrófica como pecadores.

 

Un historial borrado y un corazón cambiado

El evangelio de Jesucristo es la buena noticia acerca de lo que Dios, en su gracia soberana, ha hecho por medio de su Hijo, el Señor Jesucristo, para borrar los antecedentes de un pasado malo, y cambiar los corazones malos de una multitud de pecadores.

Considera lo que Jesús dijo en la última cena con sus discípulos justo antes de morir. Dijo: “Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama” (Lucas 22:20). Jesús resumió el propósito de su misión con estas tres palabras “el nuevo pacto”. Todo lo que el Señor Jesús hizo al despojarse de su gloria y venir a la tierra como hombre, todo lo que hizo en su vida sin pecado, todo lo que pronto haría por medio de su muerte como un sustituto cargando el pecado de su pueblo y por su gloriosa resurrección, llevó al establecimiento y la culminación del nuevo pacto.

Pero, ¿qué prometió Dios en el nuevo pacto? La Biblia consigna la sustancia del nuevo pacto en Jeremías 31:31-34. “Este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón... Y no me acordaré más de su pecado”.

El nuevo pacto consiste principalmente en conferir dos bendiciones. (1) Dios promete que no volverá a recordar los pecados e iniquidades de su pueblo. En otras palabras, Dios dice que borrará para siempre sus malos antecedentes, nunca más los hará culpables de sus pecados. En el tribunal del cielo su pueblo queda libre de toda su culpa. (2) Dios promete poner sus leyes en la mente de su pueblo y escribir sus leyes en su corazón. En el nuevo pacto, Dios cambia los corazones de su pueblo de tal modo que sus leyes, antes rechazadas y aborrecidas, están ahora en los corazones de los suyos de manera que anhelan y disfrutan obedecerlas. Aquello que agrada a Dios ahora les agrada a ellos. Lo que entristece a Dios, ahora les entristece también a ellos. Además, la ley de Dios no solo está escrita en sus corazones de tal modo que anhelan cumplirla, sino que Dios los capacita, con su poder, para cumplirla cada vez mejor durante su vida terrenal, y a la perfección cuando lleguen al cielo.

De este modo, el Dios del nuevo pacto como el Juez y Justificador de su pueblo borra su historial. Como Médico del alma cambia y cura sus corazones enfermos de pecado. Esta es la buena noticia: por su gracia, Dios ha provisto lo necesario para borrar el pasado y cambiar el corazón de todo aquel que viene a Dios por fe en Jesucristo. Esta es la única solución de tu gran problema.

 

A solucionar el problema

Ahora bien, ¿qué significa todo esto para ti? Primero observa que no significa que tienes que decidirte a cambiar tu vida para que tus antecedentes no empeoren. ¡No! Ese no es el mensaje del evangelio. Aun si pudieras enderezar tu vida y nunca volver a agre- gar otra mancha a tu historial en el cielo; como una montaña que se impone sobre ti, tu historial te cubre con su sombra amenazadora por tus años pasados de pecado. No agregarle más pecado a la montaña de pecado que ya has apilado no impedirá que te hundas en el infierno. “Enderézate y vive correctamente” no es el evangelio de Jesucristo.

Tampoco es el mensaje del evangelio: “Decídete a vivir una vida para Jesús y comienza a seguirle”. Con un corazón malo nunca querrás ni podrás hacerlo. Ese es el problema. El corazón malo está empeñado en agradarte a ti y no a Jesús. No puedes seguir a Jesús así como estás. Tienes que convertirte. Tienes que cambiar tu interior. ¡Tienes que tener un corazón nuevo!

Igualmente, el mensaje del evangelio no es: “Sencillamente cree algunas verdades acerca de Jesús (que Jesús murió en la cruz por los pecadores, etc.) y luego di una oración y cree que todo está bien”. ¡No! Eso tampoco es el llamado del evangelio.

El mensaje del evangelio es: “Ven a Jesús”, él es el mediador del nuevo pacto (Hebreos 12:2-4). Es cuando vienes a él que recibes las bendiciones del nuevo pacto. Ruégale a Cristo que te salve. Reconoce que te has rebelado contra él, que has quebrantado la ley de Dios innumerables veces, y que eres tan malo como la Biblia dice que eres, un pecador merecedor del infierno. Entrégate a Jesucristo y su misericordia. Ruega tener los beneficios del nuevo pacto prometido a todos los que le invocan de verdad. Pídele que borre tu historial y te cambie el corazón.

Cristo dijo: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mateo 11:28). Si estás sufriendo bajo la carga de un pasado malo y con la desesperanza de tu corazón malo, acude a Cristo para que resuelva tu problema y te dé paz. Solo Cristo puede aplicar los beneficios del nuevo pacto. Él es tu mediador. El mensaje del evangelio no es: “Ven a un altar”. No es: “Ven a hablar con el diácono para que recibas más información”. No es: “Acércate a un pastor”. Estos son actos físicos. El mensaje del evangelio es: “Solo ven a Cristo por fe”. Este es un acto espiritual. Ruega a Cristo que te perdone tus pecados y que te dé un corazón nuevo.

Es importante recordar que cuando Dios salva al pecador, le confiere ambas bendiciones principales del nuevo pacto. Cuidado con pensar que tu historial ha sido borrado si no te deleitas en la ley de Dios y te esfuerzas por cumplirla. ¡Esto sería imposible!  Dios nunca confiere una de estas bendiciones sin la otra. Nunca borra el historial del pecador sin también cambiarle el corazón. Es una herejía que condena al alma creer que eres salvo de tu pasado malo y que irás al cielo mientras sigues viviendo con una corazón que no ha cambiado y que es desobediente y que sigue siendo indiferente a la voluntad de Dios para ti. Si Dios no te ha dado un odio por el pecado (todo pecado, no solo algunos pecados) y una determinación de abandonar todo tu pecado, te engañas y sigues teniendo un corazón malo. Clama al Señor pidiéndole que perdone tus tontas pretensiones y que te cambie el corazón.

Cristo, el mediador del nuevo pacto, es la única solución para tu gran problema. ¿Ha solucionado Dios este problema en tu vida? ¿Te ha asegurado Dios que tus pecados han sido borrados y que el registro de tu historial ha sido limpiado con el sacrificio sustituto y expiatorio de Cristo? ¿Demuestra tu vida que Dios te ha dado un corazón nuevo? Si no, busca hoy a Cristo. Clama a Jesús, el mediador del nuevo pacto. Ruégale que tenga de ti misericordia. Nadie jamás ha perecido por falta de misericordia a los pies de Jesús. Encontrarás allí misericordia tan extensa como tu pecado, pero recuerda que será solo a sus pies y en ninguna otra parte.

 

Este folleto está basado en un sermón del mismo título predicado por Albert N. Martin, pastor de la Iglesia Bautista Trinity de Montville, Nueva Jersey, EE. UU.

© Copyright 2013 Chapel Library. Impreso en los EE.UU. Se otorga permiso expreso para reproducir este material por cualquier medio, siempre que

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  2)  se incluya esta nota de copyright y todo el texto que aparece en esta página.

A menos que se indique de otra manera, las citas bíblicas fueron tomadas de la Santa Biblia, Reina- Valera 1960. Publicado originalmente en inglés bajo el título A Bad Record and a Bad Heart. 

 

El Libro puede ser descargado siguiendo el enlace a continuación: 

TEMA: UN PASADO MALO Y UN CORAZÓN MALO

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